Crece la venta de carritos de bicicleta para transportar niños y disfrutar así del ciclismo en familia o desplazarse por la ciudad


Pesan unos 12 kilos. Están muy de moda en varios países europeos y se pueden adquirir por Internet a partir de 150 euros. Los remolques para transportar a niños en bicicleta comienzan a extenderse por España. En realidad, resultan una alternativa muy interesante para aquellas personas que practican ciclismo de forma habitual y que piensan que su deporte favorito desaparecerá de sus vidas de un plumazo tan pronto como tengan un hijo. Nada más lejos de la realidad. Los carritos permiten salir a pedalear con seguridad y tranquilidad, al tiempo que brindan una experiencia única a los pequeños (tienen que tener un mínimo de 18 meses).
elcorreo.com ha probado uno de estos remolques durante más de 300 kilómetros en las últimas semanas. Aquí están algunas de las sensaciones y consejos que los lectores pueden encontrar útiles antes de comprarse uno de estos artilugios.
¿Es seguro?
Sin duda, esa es la pregunta clave. Transportar un niño es algo muy delicado y requerirá de toda nuestra responsabilidad y atención. Cualquier precaución es poca. Dicho esto y vista nuestra experiencia, hay que decir que los remolques son tanto o más seguros que las sillitas que se acoplan al cuadro. El motivo: el pequeño va muy recogido en un habitáculo que cuenta con varias barras de protección.
El vuelco, además, es muy improbable, aun cuando el ciclista pierda el control de su bicicleta y se vaya al suelo. La razón hay que buscarla en el sistema que enlaza el cuadro con el carrito y que cuenta con una lanza y un tornillo que gira sobre sí mismo en caso de torsión. Esto evita los vaivenes imprevistos, cosa que no sucede con las sillitas, con las que los padres arrastran a sus hijos al suelo en caso de caída.
Incrementa también la seguridad el hecho de que el punto de gravedad del remolque sea extraordinariamente bajo. Por último, hay que tener en cuenta que el ocupante viaja asegurado con varios arneses. Es importante que el cochecito que elijamos tenga los distintivos de homologación europea y que lo utilicemos con pequeños mayores de 18 meses, a una velocidad moderada.
¿Por dónde se puede circular?
Esta es una cuestión importante antes de adquirir el remolque. Al contrario de lo que sucede en la mayoría de los países europeos, está prohibida su utilización por carretera. Y, aunque estuviera permitida (en la pasada legislatura quedó en el tintero una iniciativa parlamentaria para su legalización), sería algo temerario, al menos en nuestra opinión. No por el ciclista, sino por el riesgo que entrañan los conductores y el tráfico, en general.
Dicho esto, la alternativa se reduce a circular por bidegorris y determinados parques o espacios de ocio. Aquí no existe una normativa clara al respecto, más bien hay una laguna legal, ya que el reglamento de vehículos deja en manos de los ayuntamientos el desarrollo de una reglamentación específica. La mayoría de las ciudades españolas (Barcelona, Zaragoza, Valencia o Sevilla) se han puesto manos a la obra y han dado el visto bueno a su utilización.
En Vitoria, por ejemplo, el Consistorio trabaja en reconocer el derecho a circular con remolque. Y la Policía local es permisiva en ese sentido, algo que admiten a través de su propia web. Lo mismo sucede en varias localidades de Euskadi. No es muy lógico que sea legal en Europa, así como en otras urbes del país, y se pongan impedimentos desde unas administraciones que dicen promover el desarrollo sostenible y el transporte ecológico. Ningún político se atrevería a hacer una declaración en público en contra de este tipo de remolques, sobre todo si circulan por bidegorris que han sido diseñados para el uso específico de los ciclos.
Nuestra experiencia nos dice que no ha habido problemas con las autoridades, ni tampoco con los peatones, que saludan con sorpresa y admiración nuestro paso. Hemos circulado por el carril bici que atraviesa Barakaldo, Sestao, Ortuella, Abanto y Muskiz sin mayor incidencia, pese a habernos encontrado con agentes de las diferentes guardias urbanas en varias ocasiones. En cualquier caso, la tendencia es a ir aprobando ordenanzas locales, mientras la esperada y prometida modificación de la ley de Tráfico se produce.
¿Qué sensaciones ofrece?
Lo primero que llama la atención es la facilidad con la que se rueda. La bicicleta y el carro quedan muy bien acoplados. Eso sí, no esperes hacer grandes recorridos. Primero porque el pequeño se suele aburrir al de una hora u hora y media de excursión. Y segundo porque arrastrar más de 20 kilos de peso (niño y habitáculo) no es fácil, sobre todo en las cuestas. El carrito ofrece un mayor rozamiento (circulamos con cuatro ruedas, no con dos) y una mayor resistencia al viento. Según nuestros cálculos, la pérdida de eficacia en la pedalada ronda el 30%.
En cuanto al pequeño, la reacción suele ser muy positiva. Siente la velocidad, la naturaleza y observa el entorno desde un lugar mucho más privilegiado que la sillita que va acoplada al cuadro, desde donde apenas ve nada al ir pegado a la espalda del progenitor. Dependerá del niño, pero por lo general aguantan entre 60 y 90 minutos sin protestar.
¿Es difícil montarlo?
La respuesta es no. En apenas un par de minutos, puedes reducir el habitáculo a un cuadrado de 60×60 centímetros, ruedas aparte. Se transporta fácil en el maletero del coche. El sistema de doble enganche con la bicicleta (se acopla al eje) se pone en menos de 2 minutos.
¿Qué carrito comprar?
Es una buena pregunta. Aunque la variedad no es mucha en el mercado (casi todos se adquieren por Internet), hay que tener en cuenta el uso que le vamos a dar. Hay modelos biplaza y otros individuales. La diferencia en tamaño es escasa. Merece la pena el biplaza: más espacio y posibilidad de ir con un hermano, primo o amigo. En cuanto al precio, cabe destacar que oscilan desde los 150 hasta los 600 euros, en función de la calidad de los materiales. Lo más importante es que esté homologado por la Unión Europea. Es interesante también que tengan un pequeño espacio para guardar los útiles que siempre acompañan a un bebé: pañales, cambiador, merienda…